El caso Gene Tierney

Gene Tierney fue la mujer más bella de Hollywood… y fue también la víctima indirecta de un virus devastador, al ser contagiada por alguien que se saltó la cuarentena que se le había impuesto. En estos tiempos de pandemia y confinamientos, conviene recordar a una actriz que llegó a lo más alto, y a la que hundieron después en un infierno de dolor y desesperación. Y todo por una imprudencia ajena. Es el caso Gene Tierney: ésta es su historia.

Del Cielo al Infierno

Póster de "Que el Cielo la juzgue".
“Que el Cielo la juzgue” (1945) – Dirección: John M. Stahl – Reparto: Gene Tierney, Cornel Wilde, Jeanne Crain, Vincent Price.

“Que el Cielo la juzgue” fue la película más importante en la carrera de Gene Tierney. Por su trabajo en este film fue nominada al Oscar de mejor actriz principal, y el glorioso Technicolor de sus imágenes potenciaba unos deslumbrantes ojos verdes que se salían de la pantalla. Fue la consagración como estrella de una mujer que había alcanzado el Cielo de Hollywood en sólo cinco años. Pero tan fulgurante como su ascenso a los cielos fue su descenso a los infiernos.

El día de Navidad de 1957, Gene Tierney intentó suicidarse saliendo a la cornisa del piso 14 del edificio neoyorquino en el que vivía su madre. Pasó en esa cornisa 20 interminables minutos, mientras la policía la convencía de que no saltara y los curiososos se arremolinaban en la calle, esperando a que lo hiciera. De allí la enviaron directamente a un centro psiquiátrico, en el que estuvo un año entero. Pero antes ya había pasado por otro, donde fue sometida a 27 sesiones de electroshock entre otros métodos “experimentales” igual de salvajes.

Foto de Gene Tierney.
Gene Tierney, los faros verdes de Hollywood.

Con el cerebro frito por las descargas, al volver a los platós no podía recordar sus líneas de diálogo, y a duras penas lograba sostener una conversación. Tuvo que apartarse del cine, y empezó a trabajar como dependienta en unos grandes almacenes. La prensa amarilla lo descubrió y, como si un oficio mundano fuese una humillación, le hicieron fotos y reportajes burlándose de ella: “la superestrella del cine caída en desgracia que atiende a la clientela y les cobra la cuenta”. El sueño de Hollywood, transformado en pesadilla. El brillo de sus ojos verdes se apagaba, muerta en vida.

Y todo por un virus. Contraído por Gene Tierney por culpa de una admiradora imprudente, y que arrasó para siempre la vida de la actriz… y la de su hija recién nacida.

Pero empecemos por el principio.

Una chica de buena familia

La pequeña Gene Tierney:

Gene Eliza Tierney nació en Nueva York, el 19 de noviembre de 1920. Y vino al mundo en una familia muy bien situada: sus abuelos pertenecían a la realeza financiera de Connecticut, y su padre había aumentado la fortuna familiar todavía más, como corredor de seguros y agente de bolsa. Eso permitió que la joven Gene estudiara en los mejores colegios de la costa este de Estados Unidos, y que continuara su formación en un colegio interno de Suiza. Allí estuvo dos años, entre los 15 y los 17 años de edad.

La familia Tierney había logrado salir airosa de la Crisis del 29. Pero la volátil situación económica de la década siguiente acabó por pasarles factura, y su padre acumuló tantas deudas que ya no había dinero para Suiza: Gene Tierney tuvo que volver. Aún así, el señor Tierney se empeñó en mantener una imagen pública de lujo y opulencia (antes muertos que sencillos), y para celebrar el retorno de su hija organizó un viaje turístico en familia a la ciudad de Los Ángeles. Un viaje que cambió sus vidas para siempre.

Gene Tierney, belleza juvenil.

Los Tierney al completo estaban disfrutando de una visita guiada a los estudios de la Warner Brothers, cuando un prestigioso director (Anatole Litvak) se fijó en la joven Gene. Impresionado por por su belleza y su verde mirada, el cineasta le ofreció allí mismo la oportunidad de hacer una prueba de cámara… y la chica aceptó.

No: no la contrataron enseguida, ni se convirtió en una estrella de la noche a la mañana. Pero la experiencia despertó su interés en la interpretación, y al volver a Nueva York se puso a estudiar Arte Dramático. Empezó con papelitos en los escenarios de Broadway, y tuvo la fortuna de que una de las obras tuviera entre el público al productor Darryl Zanuck (de Fox, no de Warner). Que le ofreció, esta vez sí, un contrato para trabajar en Hollywood. Cobrando, por cierto, el doble que otras actrices novatas (350 dólares de entonces, a la semana) porque su padre negoció el contrato y se convirtió, de facto, en agente de la chica y supervisor de sus cuentas.

Sólo había una pega: la voz de Gene Tierney.

La voz de Minnie Mouse

Poster de "La venganza de Frank James"
“La venganza de Frank James” (1940) – Dirección: Fritz Lang – Reparto: Henry Fonda, Gene Tierney, Jackie Cooper, Henry Hull, John Carradine.

Gene Tierney debutó en Hollywood con 20 años de edad en “La venganza de Frank James”, junto a una superestrella como Henry Fonda, y a las órdenes del prestigiosímo director Fritz Lang. ¡Era imposible empezar mejor! Pero había una sonora pega: al ver la película por primera vez, la joven Gene odió su propia voz. Le sonaba tan aguda que, en sus propias palabras, “Parecía la voz de Minnie Mouse”. Y para resolverlo, la chica hizo algo que la novia del ratón Mickey jamás habría hecho: empezó a fumar.

Fumó como un carretero, lo que acabaría causándole graves problemas de salud (como veremos luego). Pero el plan surtió efecto, y su voz se hizo más grave. Y en pocos años fue encadenando papeles cada vez más importantes, con los espectadores de medio mundo enamorándose de ella. Por desgracia para su padre, ella se enamoró de un hombre al que el señor Tierney odió desde el primer día: el diseñador de vestuario Oleg Cassini.

Oleg Cassini con Gene Tierney.

Nieto del conde de Cassini, vinculado en su momento a la corte del Zar de Rusia Nicolás II, el joven Oleg formaba parte de un tipo de aristocracia muy común en Hollywood: el de los nobles con más apellidos que fortuna, emigrados a América casi con lo puesto después de perderlo todo (menos sus ínfulas) con la Revolución Rusa.

El padre de Gene sospechó enseguida que aquel melifluo europeo buscaba sobre todo la fortuna de los Tierney (o lo que quedaba de ella), pero Gene Tierney no se dió por enterada. Para ella, Oleg Cassini evocaba el linaje, la clase, el estilo: un tipo de hombre que no era tan común en América como en la idealizada Suiza de su adolescencia. Se casaron al año de conocerse, cuando la actriz tenía sólo 21 años de edad, y tuvieron 2 hijas.

Y con la primera de ellas, ocurrió lo inimaginable.

“Ese virus no tiene ningún peligro”

Póster de "El diablo dijo no".
“El diablo dijo no” (1943) – Dirección: Ernst Lubitsch – Reparto: Gene Tierney, Don Ameche, Charles Coburn, Laird Cregar, Louis Calhern.

Gene Tierney llevaba sólo una semana rodando la comedia “El diablo dijo no”, cuando descubrió que estaba embarazada. Con 22 años en ese momento y una salud excelente, nada hacía presagiar que pudiese haber problemas. Así que Gene siguió con su agenda habitual: rodaje, entrevistas, sesiones de fotos… y apoyo a las tropas estadounidenses que luchaban en la 2ª Guerra Mundial. Era el mes de febrero de 1943.

La embarazada Gene Tierney hizo todo lo que una actriz podía hacer en su posición: visitar bases militares, inaugurar aviones, dar discursos enardecedores… y sobre todo, dejarse ver en la Cantina Hollywood: célebre local de Los Ángeles donde los soldados de permiso se mezclaban con las grandes estrellas de Hollywood. Bette Davis te servía las copas, Clark Gable se tomaba una cerveza contigo, y a lo mejor podías bailar con Marlene Dietrich. Los que llegaban del frente se sentían como estrellas por un día; las estrellas subían la moral de las tropas… y de paso se hacían publicidad. Y allá fue Gene Tierney, embarazada de 4 meses, dispuesta a cumplir como buena americana.

Pero tres días después de visitar la Cantina, la actriz notó que algo iba mal. Le salió un sarpullido en la cara y le subió la fiebre. Y preocupada por su embarazo, fue al médico. Llevaba semanas entre soldados, visitando sus bases, estrechando sus manos, departiendo con ellos. Compartiendo espacios cerrados con centenares de personas. Podría haberse contagiado de casi cualquier cosa, pero su médico la tranquilizó. Tras hacerle un análisis, le dijo que no era nada. Un pequeño virus.

Rubeola, dijo el médico.

Y es verdad que, en aquel momento, no se consideraba una enfermedad grave. Ni siquiera requería tratamiento: analgésicos, reposo, y listo. En adultos era frecuentemente asintomática; en embarazadas tampoco tenía consecuencias. O eso se pensaba.

Hasta que nació la hija de Gene: Daria Cassini. Vino al mundo el 15 de octubre de 1943, en un parto prematuro, con sólo kilo y medio de peso. Tuvieron que hacerle 11 transfusiones de sangre. Y con el paso de los días, descubrieron que la niña era sorda, casi ciega y con una profunda discapacidad intelectual.

Gene Tierney con su hija Daria.
Gene Tierney con su hija Daria, antes de descubrir la verdad.

El misterio de Daria

En aquel momento, ningún médico pudo explicar lo ocurrido. Había muchos casos de embarazadas con rubeola que habían dado a luz a bebés perfectamente sanos, y nadie estableció una conexión entre el virus y el estado de Daria. Tardarían años en descubrir que, en efecto, la rubeola es inofensiva en los fetos… de más de 20 semanas. Por debajo de ese tiempo de gestación, el virus podía ser devastador, provocando incluso el aborto en el 20% de las embarazadas. Una de cada cinco. Pero en aquel momento, con Daria Cassini recién llegada al mundo, nadie lo sabía… todavía.

Por otra parte, parecía imposible saber dónde se había contagiado la actriz, con todo el trajín de los meses anteriores. Rastrear los contactos, trazar la expansión del virus, identificar la cepa, era algo que ni se contemplaba. El misterio del contagio no se desvelaría hasta mucho más tarde, con consecuencias devastadoras para Gene Tierney. Pero ya llegaremos a eso.

“Laura” (1945) – Dirección: Otto Preminger – Reparto: Gene Tierney, Dana Andrews, Clifton Webb, Vincent Price, Judith Anderson.

Entre tanto, presionada por los estudios, la actriz se volcó en su trabajo. Estaba entonces en la fina línea que separa a las actrices conocidas de las verdaderas estrellas, y nada gusta más a un estudio que las estrellas… y el dinero que recaudan. Gene se lanzó a trabajar y rodó 5 grandes films en sólo tres años: “El castillo de Dragonwyck”, “El filo de la navaja”, “El fantasma y la señora Muir”, la ya mencionada “Que el Cielo la juzgue”, y la obra maestra del cine negro “Laura”. La consagración de Otto Preminger como director, y la enésima prueba del magnetismo de Gene Tierney.

La actriz tenía tanto estilo y elegancia que a menudo se la ha descrito con esta frase: “Fue Grace Kelly antes que Grace Kelly”. Pero Gene estaba rota por dentro. Su hija no experimentaba ninguna mejoría, y las discusiones con su marido eran constantes. Ella quería cuidar personalmente a la pequeña, pero Oleg Cassini se oponía. Hasta que, en 1945, con sólo dos años de edad, Daria Cassini fue internada en un centro de salud.

Nunca salió de allí.

Las desgracias no vienen solas

Gene y Oleg tuvieron una segunda hija, Cristina Cassini, que nació en perfecto estado de salud. Pero el matrimonio estaba tocado de muerte: internar a Daria no mitigó sus discusiones, y él empezó a ser abiertamente infiel. El divorcio era cuestión de tiempo.

Gene Tierney con su segunda hija, Christina.
Gene Tierney con su segunda hija, Christina.

Lo que Gene Tierney no esperaba fue la traición de su padre. En una revisión de sus cuentas, la actriz descubrió que el señor Tierney le había robado 40.000 dólares, para tapar el “agujero” que le había dejado una inversión fallida. Y al mismo tiempo, Gene descubrió que su padre tenía una amante, y que llevaba años engañando a su madre.

Tras el divorcio de sus padres, Gene Tierney rompió para siempre toda relación con su progenitor. Con Oleg Cassini sí mantuvo el contacto, por el bien de sus hijas. Y buscando remontar su maltrecha vida personal, no se cerró a nuevas relaciones. Pero, como decíamos antes, las desgracias no vienen solas.

En 1946, la actriz comenzó un romance con el entonces joven John Fitzgerald Kennedy, y se habló incluso de una posible boda. Pero el futuro presidente se echó atrás: casarse con una “estrella de la farándula” podía dañar su carrera política. Así que, con nula diplomacia presidencial, la mandó a paseo. Y unos años después, Gene Tierney inició un romance con el príncipe Ali Khan, heredero de la realeza persa, justo cuando él se estaba divorciando de Rita Hayworth. También aquí se habló de boda… y también él la abandonó, presionado esta vez por su padre, el Aga Khan III, que no veía con buenos ojos el enlace.

Gene Tierney con Alí Khan.
Gene Tierney con Alí Khan.

Los dos abandonos, la ruptura con su esposo y la traición de su padre se sumaron a las presiones de Hollywood para que siguiera trabajando, y al dolor infinito que sentía por su hija mayor. Y con ese trágico cóctel, la desbordada Gene Tierney empezó a manifestar síntomas de trastorno bipolar. Pero el mazazo definitivo que doblegó por completo su maltrecha salud mental fue descubrir, al fin, cómo se había contagiado.

Misterio resuelto: cuarentena rota

En 1955, mientras intentaba mantener controlados todos los dramas que bullían en su cabeza, Gene Tierney tuvo un encuentro casual con una admiradora, en plena calle. El típico encuentro que suele saldarse con un breve saludo, una frase amable y, como mucho, un autógrafo.

Sólo que éste no fue un encuentro como los demás.

Gene Tierney saluda a una fan en la Cantina Hollywood
1943: Gene Tierney saluda a una fan en la Cantina Hollywood

Aquella admiradora empezó a contarle que ya se conocían. Que había sido oficial de la Marina, durante la guerra, y que coincidió brevemente con la actriz en la Cantina Hollywood, cuando Gene estuvo allí por última vez. Que llegaron a darse un abrazo y dos besos… y que fue uno de los momentos más felices de su vida, ¡porque ella era la fan número 1 de Gene Tierney!

Y entonces soltó la bomba: tanto la admiraba, que aquella noche se había escapado del cuartel para poder conocerla. Y es que, en aquel momento, tenían la orden de permanecer confinados, porque se había detectado un brote de rubeola en su división. Pero en la radio habían dicho que Gene Tierney iba a estar en la Cantina Hollywood, ¡y nada ni nadie iba a impedirle conocer a su actriz favorita!

Y entonces la admiradora preguntó: “No cogerías la rubeola en aquella época, ¿verdad?”.

Póster de "La mano izquierda de Dios".
“La mano izquierda de Dios” (1955) – Dirección: Edward Dmytryk – Reparto: Humphrey Bogart, Gene Tierney, Lee J. Cobb, Agnes Moorehead, E.G. Marshall

Gene Tierney sintió que el mundo se hundía bajo sus pies. Que un terremoto sacudía el frágil castillo de naipes que era su psique, y que todo se desmoronaba. Estaba rodando “La mano izquierda de Dios”, junto a Humphrey Bogart, y descubrió entonces que ya no era capaz de recordar sus diálogos. Bogart, buen compañero, le iba “chivando” sus líneas cuando él daba la espalda a la cámara. Pero la situación era insostenible: con 35 años de edad, la estrella de Hollywood nominada a un premio de la Academia acabó la película como pudo, y dejó de trabajar.

Y todo ello, sintiéndose aplastada por el sentimiento de culpa. Porque, a ojos de Gene Tierney, nada de todo aquello habría ocurrido, si ella no fuera famosa. Si no hubiera decidido ir a Hollywood, si no se hubiera empeñado en triunfar, si no se hubiera encadenado a las obligaciones de la fama… si no hubiera ido aquella noche a la Cantina Hollywood. Si no hubiera hecho nada de eso, su hija Daria habría sido una niña como las demás. A ojos de Gene, esos ojos de luz esmeralda cegados por la desesperación, todo era culpa suya. O eso pensaba.

El Infierno en la Tierra

Llegó entonces su primer internamiento en un centro psiquiátrico. Las terapias experimentales, los electroshocks. Y después, el intento de suicidio, el 25 de diciembre de 1957. Llevaba entonces dos años retirada del cine, y todavía tardaría cinco más en volver. Fueron, en total, 7 años de retiro. Pero incluso en la más espesa oscuridad, hubo algo de luz.

Póster de "Tempestad sobre Washington".
“Tempestad sobre Washington” (1962) – Dirección: Otto Preminger – Reparto: Henry Fonda, Charles Laughton, Don Murray, Walter Pidgeon, Peter Lawford, Gene Tierney.

Tras volver de la cornisa del piso 14 de aquel edificio, Gene Tierney pasó por un segundo internamiento, en otro centro de salud mental, de métodos mucho más modernos y humanos que el primero. Estuvo un año entero allí, reconstruyendo su mente desde los cimientos. Como parte de su terapia, la animaron a tener temporalmente un empleo: sencillo, mundano, lejos del estrellato, con bajas responsabilidades pero que le hiciera sentir dueña de sí misma. Fue cuando trabajó como dependienta, durante unas semanas, en un centro comercial (terapia perversamente malinterpretada por los tabloides como “caída definitiva en desgracia”).

Y al fin, razonablemente recuperada, Gene Tierney volvió al cine en “Tempestad sobre Washington”, con 42 años de edad, de la mano de dos viejos amigos: el director Otto Preminger, que la había dirigido en “Laura” 17 años antes, y el actor Henry Fonda, con el que Gene había debutado en el cine en “La venganza de Frank James”, 22 años atrás.

Gene Tierney con William Howard Lee.
Gene Tierney con William Howard Lee.

Era un papel secundario, y en las arrugas de su antaño perfecto rostro podían leerse cada golpe y cada trauma de su vida. Pero era un buen papel, en una buena película, con una buena interpretación de Gene Tierney. Y para entonces, Gene llevaba 2 años casada con su segundo y definitivo marido: el magnate del petróleo Willam Howard Lee. Un hombre que la conoció estando ya enferma, y que se mantuvo a su lado, leal hasta el final.

Estuvieron 21 años casados, hasta la muerte de Lee. Y en todo ese tiempo, Gene Tierney rodó alguna que otra película más, pero se concentró ante todo en trabajos filantrópicos y labores humanitarias. En 1986 se anunció que se le otorgaba el Premio Donostia del Festival de San Sebastián, por el conjunto de su carrera. Pero no llegó a recibirlo, porque su delicada salud no le permitió moverse de los Estados Unidos. Y en 1991, a sólo trece días de su siguiente cumpleaños, murió con 70 años de edad… víctima de un enfisema pulmonar causado por su adicción al tabaco. El mismo tabaco al que se había aficionado, medio siglo atrás, para que su voz sonara más grave en las películas.

Que el Cielo la juzgue

Su hija Daria falleció en el año 2010, con 66 años de edad, internada todavía en un centro de salud y sin haber superado nunca una edad mental de 2 años. Su otra hija, Christina, murió en 2015, también con 66 años de edad, de un cáncer de ovarios. El hijo de Christina y nieto de Gene, Alexandre Belmont, vive actualmente en Ibiza. Y cumplido ya el centenario de su nacimiento, el caso de Gene Tierney resulta hoy más actual y escalofriante de lo que ha sido nunca. Tanto o más que otros “misterios” narrados en “Sesión Doble”, como el caso de O. J. Simpson, o el caso del niño fantasma de “Tres hombres y un bebé”.

Los fans de la actriz esperan que películas como “Que el Cielo la juzgue”, producida en su momento por 20th Century Fox, estén disponibles algún día en Disney+ (al ser Disney propietaria del catálogo de Fox) o en alguna de sus plataformas “hermanas” orientadas a contenidos más adultos. Y entre tanto, muchos seguirán preguntándose… ¿que fue de aquella inconsciente oficial de Marina, que contagió de rubeola a Gene Tierney.

Como la propia actriz podría decir: que el Cielo la juzgue.

Author

Dr. Rumack

Volando de cine en cine desde 1975, aterrizo en "Sesión Doble" con un doble objetivo: hablar de cine, y hablar de televisión. Disfruta con nosotros, opina lo que quieras y critica lo que te parezca: todo es bienvenido. Pero por favor: no me llames Shirley.

4 Comments

  1. Una película de Liz Taylor y Rock Hudson trata exactamente de eso. Imagino que el guionista conocía la historia.

    • Hola, esa pelicula se basa en una novela de Aghata Chistie, que a su vez , basaba sus novelas de noticias de los periodicos.

  2. Excelente artículo y muy interesante: bingo! Muchas gracias Shirley

    • Dr. Rumack Reply

      Cuidado, Carlos, ¡o te pondré pescado en el menú del avión! 😉

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