Prepárate a sufrir pesadillas con los 10 peores casos de adictos a la cirugía plástica. Actrices como Nicole Kidman, Halle Berry o Gwyneth Paltrow han explicado que las estrellas de Hollywood se retocan la cara para alargar su vida laboral: así pueden pasar 10 años más encarnando personajes protagonistas, “antes de que sólo te ofrezcan papeles de madre o abuela”. Pero, ¿qué ocurre si el cirujano mete la pata, o si el paciente “se pasa” de operaciones? El resultado va de lo penoso a lo aterrador. Y por suerte, Nicole, Gwyneth y Halle no fueron tan lejos. Pero hay otros que sí, y aquí te los presentamos: 10 famosos a los que se les cae la cara. No de vergüenza, sino literalmente.

10 adictos a la cirugía plástica: Jocelyn Wildenstein.
No es un muñeco de cera: es Jocelyn Wildenstein.

1 / Jocelyn Wildenstein: la “Mujer Gato” de la cirugía plástica

Nació en Suiza en 1940, con el nombre de Jocelyn Perisset, y fue una modelo y actriz de felina mirada y maullante belleza, que protagonizó una comedia erótica en Francia: “Servez-vous mesdames” (prohibida a menores de 18 años). Tuvo romances con varios productores, pero su vida cambió durante un safari en África. Donde conoció, mientras cazaban leones, al multimillonario francés Alec Wildenstein: comerciante de arte… y fanático de los gatos. Y dicen que, por amor, Jocelyn decidió transformarse en uno.

La joven Jocelyn empezó su “transformación” con inyecciones de colágeno en labios, pómulos y frente. El trabajo no fue del todo bueno y tuvo que pasar por el bisturí para corregir los errores. Después se puso implantes en mentón y mejillas, y se hizo un levantamiento de cejas para potenciar su aspecto “gatuno”. Pero por efecto de las intervenciones anteriores, su rostro no respondió a esa operación como todos esperaban.

La cara de Jocelyn se convirtió en una máscara sin vida, y los sucesivos intentos de arreglarla en el quirófano no hicieron sino empeorarla. Los medios la rebautizaron entonces como “La novia de Wildenstein”, en alusión al monstruo de Frankenstein. Y todo ello, después de haberse gastado casi 4 millones de dólares en cirugía plástica.

En 1997, la gata Wildenstein tuvo motivos para sacar las uñas cuando pilló a su marido en la cama con una modelo rusa de 21 años. Él la amenazó con una pistola, supuestamente al confundirla con un ladrón. Ella llamó a su abogado, y el divorcio la convirtió en una de las mayores multimillonarias de la Quinta Avenida neoyorquina: el juez le concedió 2.500 millones de dólares de la fortuna de los Wildenstein, más 200.000 dólares mensuales para sus gastos.

Y con el dinero, Jocelyn siguió operándose. Sobre todo con aumentos de pecho, empeñada en demostrar que podía seguir luciendo escotes… y que su adicción a la cirugía plástica no conoce límites.

Jocelyn Wildenstein, una de las 10 peores adictas a la cirugía plástica, con su exnovio Lloyd Klein.
Jocelyn Wildenstein con su exnovio, Lloyd Klein

Tras un largo noviazgo con el diseñador Lloyd Klein (26 años más joven que ella), la millonaria fue arrestada por agresión contra el propio Lloyd. Cuando la policía llegó al apartamento que compartían, en la neoyorquina Torre Trump, él la había encerrado en un armario y sujetaba las puertas como podía, con la cara llena de marcas de arañazos, heridas de tijeras y lesiones con cera caliente.

Al juicio por agresión corresponde la primera foto de Jocelyn en este artículo. Y las dos siguientes resumen bastante bien su transformación.

Hoy tiene 81 años de edad, y podemos decir que Jocelyn Wildenstein ya no parece una persona… ni un gato. Parece, más bien, un extraterrestre.

Haría una excelente pareja con el siguiente personaje de la lista.

2 / “The Black Alien”: mi cuerpo, mi lienzo

“The Black Alien” es un artista (o así) que se ha transformado, literalmente, en un extraterrestre negro. Su verdadero nombre es Anthony Loffredo, tiene 32 años y es un fanático de los tatuajes y los piercings que decidió, con cirugía plástica, ir todavía más allá. Lo suyo no es ya una transformación, sino más bien una mutación. Bajo estas líneas, le vemos a la izquierda con su antiguo rostro, y a la derecha, con su actual apariencia. No está maquillado ni es una imagen retocada por ordenador. Su rostro es hoy en día, verdaderamente, tal cual lo vemos.

"The Black Alien": el antes y el después de la cirugía plástica.
“The Black Alien”: antes y después.

Anthony Loffredo no era actor, sino guardia de seguridad. Pero con una mutación digna de los “X -Men”, su vida da para una película. Con 24 años dejó Francia y se mudó a Australia, donde empezó primero con tatuajes tribales, piercings de todo tipo y escarificaciones. Luego pasó a los injertos subcutáneos, y poco a poco fue madurando la idea de mutar en “The Black Alien”. Entró entonces en el terreno de la cirugía plástica, sin contemplaciones.

"The Black Alien": sin nariz ni orejas.
“The Black Alien”: la pesadilla de los otorrinos.

Loffredo se hizo injertos de piel para tenerla más escamosa. Luego se cortó la lengua longitudinalmente, para tenerla bífida como las serpientes. A continuación se cortó las orejas, más tarde se operó los ojos, lo siguiente fue un corte vertical en el labio superior, y su más reciente intervención ha sido… cortarse la nariz. Pero no lo hizo en Australia sino en España, porque las leyes australianas prohiben una operación así, salvo por causas médicas justificadas. Se diría que los cirujanos españoles tienen menos escrúpulos y más narices.

"The Black Alien": lo siguiente, las cejas.
Lo siguiente: subirse las cejas. Cuidado, que así empezó Jocelyn Wildenstein.

Dice “The Black Alien” que, por el momento, sólo ha completado el 21% de la mutación corporal que tiene prevista. ¿Mencionábamos a los mutantes de los “X – Men”? Quizá su película sea más bien “Men In Black”. Por el momento, este Alien Negro es una celebrity en Francia; con sus “bolos” paga sus facturas (las de cirugía plástica, y las otras) y defiende sus operaciones con los argumentos de un artista que utiliza su cuerpo como lienzo. ¿Visionario, o simple “pirado”? Sospechamos que su otorrinolaringólogo opina lo segundo.

3 / Jennifer Grey: cuando no hace falta operarse mucho para que la cirugía plástica arruine tu carrera

Ni tatuajes negros, ni caras de gato: Jennifer Grey sólo se hizo una rinoplastia. Pero eso bastó para que la protagonista de “Dirty Dancing” tirase su carrera a la basura. Su natural nariz aguileña era el rasgo distintivo de un rostro con personalidad. Al quitársela pasó a tener una cara corriente: como la propia Jennifer ha dicho, la de “alguien que se parece un poco a Jennifer Grey”. De hecho, sus propios fans no la reconocían. Y en Hollywood dejaron de contratarla, porque ¿quién quiere a la chica de “Dirty Dancing”, si no se reconoce a la chica de “Dirty Dancing”?

Jennifer Grey, antes y después de la cirugía plástica.
Jennifer Grey, antes y después de la cirugía plástica.

Sus auténticos rasgos eran los de una chica de origen judío, hija del gran Joel Grey: el prestigioso intérprete, cantante y bailarín que ganó el Oscar de mejor actor secundario por encarnar al maestro de ceremonias de “Cabaret”. De algún modo, Jennifer se alejó de su linaje con su operación. Y ella misma ha confesado que “operarme la nariz fue el peor error de mi vida”. Pero también ha explicado las dolorosas circunstancias que la llevaron a hacerlo.

Jennifer Grey con su padre, Joel Grey.

Jennifer Grey debutó ante las cámaras con 19 años, en un anuncio de refrescos. Y desde el principio se topó cada vez con la misma barrera: la rechazaban en casi todos los castings, precisamente por “no ajustarse a los cánones de belleza imperantes” en el momento. O sea, por su nariz. Y cuando más tocada tenía la autoestima, sufrió un trágico accidente de coche con su entonces novio, Matthew Broderick.

Jennifer Grey con Matthew Broderick.
Jennifer con Matthew, saliendo del hospital tras el accidente de coche.

Jennifer salía con Matthew en secreto. Se conocieron rodando juntos la comedia “Todo en un día”, pero el estudio pensó que su noviazgo era malo para la promoción de la película porque en ella hacían de hermanos. Por eso la pareja optó en sus vacaciones por la discreción, viajando a una remota zona de Irlanda. Allí, a Matthew Broderick le venció el sueño mientras iba al volante de un coche alquilado; invadió el carril contrario y se estrellaron de frente contra otro coche.

Los dos ocupantes del otro vehículo, una madre y su pequeña hija, murieron al instante. Matthew y Jennifer salieron del hospital por su propio pie. Pero la actriz no volvió a ser la misma.

Pocos meses después se estrenó “Dirty Dancing”. Con un presupuesto de sólo 6 millones de dólares, recaudó en las taquillas 215 millones. Y los ojos del mundo entero se volvieron hacia su joven actriz protagonista… y hacia su nariz. Con su amor propio resquebrajado por el sentimiento de culpa tras el accidente, y afectada por depresiones y fortísimos dolores cervicales (que todavía padece), a Jennifer se le diluyó la autoestima. Y decidió entonces borrar de su cara esa nariz que tantos disgustos le había dado.

Jennifer Grey, otro "antes y después" de la cirugía plástica.
Izquieda, Jennifer Grey. Derecha, esa mujer que se parece a Jennifer Grey.

La cirugía plástica le extirpó la nariz, y la popularidad. Por lo menos, con el tiempo pudo ir recuperando su carrera. Pero no como la gran estrella que todos esperaban que fuese, sino con la clase de trabajos que las auténticas “stars” siempre rechazan: papeles secundarios a la sombra de otros intérpretes, telecomedias familiares (con bromas recurrentes sobre su nariz), o hasta una participación en “Dancing with the Stars” (la versión americana de “Mira quién baila”). Concurso en el que, por cierto, Jennifer ganó.

El que no podría participar en ese programa es el conocidísimo cantante del que hablamos a continuación. Al primer movimiento de baile, lo mismo se le saltan las costuras de la cara.

4 / Axl Rose: la otra cara del rock & roll

El cantante y líder de los “Guns & Roses” es hoy tan amigo de la cirugía plástica como lo fue en su día de las drogas y el alcohol. Nació con el nombre de William Bruce Rose, pero se lo cambió legalmente por el que hoy todos conocemos, entre otras razones para escandalizar a su familia: “Axl Rose” es el acrónimo de “Oral Sex”, y su madre y su padrastro eran cristianos fundamentalistas de la Iglesia Pentecostal. Seguro que estaban encantados con el nuevo nombre de su hijo.

Ya en su madurez, Axl fue arrestado 30 veces por desórdenes públicos, relacionados casi siempre con drogas y alcohol. Y en buena parte de sus procesos judiciales se representó a sí mismo, sin abogados. Hoy en día, con 59 años de edad, si se hubiera operado a sí mismo su aspecto no sería mucho peor. Tiene tantos estiramientos faciales que su cara parece un tambor.

Axl Rose, antes y después de la cirugía plástica.
Axl Rose, antes y después.

Dicen los expertos en cirugía plástica que Axl Rose se ha hecho una 30 operaciones en los últimos años. Las más evidentes son los múltiples liftings en la frente, que le han dejado expresión de sorpresa perpetua. Y a los estiramientos de piel habría que añadir una rinoplastia, implantes de pómulos y blanqueamiento cutáneo con productos químicos decolorantes, que han dejado a este pelirrojo más sonrosado que “Babe, el cerdito valiente”.

Axl Rose, el Benjamin Button de los rockeros. Cuanto más viejo, más joven.

Por alguna razón, el cantante del tema principal de “Terminator 2” (“You Could Be Mine”) ha concentrado todas sus operaciones de cuello para arriba. De cuello para abajo, por el contrario, no le ha importado lucir la natural barriga cervecera de alguien con su estilo de vida. Por eso el rockero se ha convertido en una caricatura de sí mismo. Un “Benjamin Button” extrañamente rejuvenecido por encima de los hombros; por debajo, lo de este cantante es otro cantar.

Axl Rose, otro ejemplo de antes y después de la cirugía plástica.
Axl Rose: “Appetite for destruction”, y por todo lo demás.

5 / Nikki Cox: infeliz para siempre

Nacida en Los Ángeles en 1978, Nicole Avery Cox fue una actriz de despampanante belleza que tuvo precisamente un breve papel en “Terminator 2”, y que se hizo famosa con la irreverente telecomedia “Infelices para siempre” (no disponible, por desgracia, en ninguna plataforma). El rol de Nikki Cox en esa serie era calcado al que tuvo Christina Applegate en “Matrimonio con hijos” (disponible en Amazon Prime Video). Y no por casualidad, ambas series eran de los mismos productores. Pero mientras Christina creció como artista en el ámbito de la comedia, lo único de Nikki que llegó a crecer fueron… sus labios.

Después de “Infelices para siempre” estuvo cuatro años en otra serie, “Las Vegas”, junto al mítico “Sonny Corleone”, James Caan. Y en esa etapa, el éxito sonrió de nuevo a Nikki Cox. Pero tras triunfar en dos series, la actriz decidió (por algún motivo que desconocemos) que su físico no era lo bastante atractivo. Y se inyectó colágeno en los labios, con el mismo ímpetu que un ludópata en un casino.

Las inyecciones de bottox tampoco han ayudado. Y con sólo 43 años de edad, por culpa de la cirugía plástica, la joven lozanía de Nikki Cox ha mutado en un rostro extrañamente hinchado y con aparentes reacciones alérgicas. Al menos, ella no vive en el Universo Alternativo de Axl Rose o Jocelyn Waldenstein: Nikki reconoce su error, lamenta en público haber retocado una belleza natural que no necesitaba ningún retoque, y lleva casi 10 años alejada de las cámaras, limitándose a poner su voz en teleseries de dibujos animados. ¿Infeliz para siempre? Ojalá que no.

6 / Heidi Montag, una chica de 10… operaciones en un día

Heidi Montag no pasará a la historia del cine por sus papeles como actriz: apenas una breve intervención en la comedia de Adam Sandler y Jennifer Aniston “Sígueme el rollo”. Pero sí ocupa un notorio lugar en la historia de las “celebrities”… porque tiene un asombroso récord: el de ser la persona que se ha sometido al mayor número de operaciones de cirugía plástica, en un solo día.

Heidi Montag, antes y después de sus operaciones de cirugía plástica.
Heidi Montag, una chica de 10… en el sentido quirúrgico.

Hasta 10 operaciones se hizo Heidi, de una sentada, ¡habiando pasado ya por una rinoplastia y un aumento de pecho! Y vista la foto de la derecha, alguien podría pensar que su cirujano merece un aplauso. Pero no: aunque su cara no se haya destrozado, sí se ha destrozado su carrera.

La propia Heidi ha contado que, para el infausto día de las 10 operaciones, su plan inicial era de sólo dos: una rinoplastia y un (nuevo) aumento de pecho. Pero días antes de la intervención, su cirujano le hizo un repaso detallado de todas las partes de su cuerpo que eran “mejorables” (vamos, lo mismo que hacía Julian McMahon en “Nip / Tuck”). Y ya que iba a meterse al quirófano, la animó a operarse de todo al mismo tiempo, ¡haciéndole un descuento! Como decían en las ferias, “Uno, veinte duros; tres, cuarenta duros”.

El resultado: Hedi Montag se hizo aquel día un levantamiento de cejas, una doble liposucción de muslos (parte interna y externa), inyecciones de grasa en los pómulos, extracciones de grasa en la espalda, injertos de suspensores en las orejas y un limado de mentón, además de la rinoplastia y los implantes mamarios planeados desde el principio. El resultado, quién lo iba a decir, no fue el esperado.

Heidi Montag, víctima de la cirugía plástica.
Heidi Montag inexpresiva VS. Heidi Montag inexpresiva.

Heidi logró, en efecto, la figura y la apariencia de una explosiva “sex symbol”. Pero, transformada en una Muñeca Viviente, se volvió tan inexpresiva como una muñeca de verdad. No es que no tenga líneas de expresión: es que no tiene expresión. Como vemos sobre estas líneas, su cara es una máscara de Adamantium capaz de contener el más intenso terremoto emocional, impidiendo que llegue a la superficie.

Y eso no es lo peor: Heidi Montag se operó buscando lanzar su carrera, pero los ansiados contratos no llegaron (más allá de las “telerrealidades”). Y su incipiente fortuna se evaporó, en los bolsillos de su cirujano, y en los de otros. En sus propias palabras, “hay agentes, abogados, gerentes, impuestos, peluquería y maquillaje (…) Fue realmente abrumador”.

Nadie dijo que convertirse en Barbie fuera fácil. Pero ojo: convertirse en Ken tampoco lo es.

7 / El “Ken Humano” de Brasil y sus 103 operaciones

Rodrigo Alves (Sao Paulo, 1983) es una auténtica “celebrity” en su Brasil natal. Se dice que ha ganado millones como presentador de televisión, pero ya era rico antes. Vivió durante años de una pensión que le proporcionaba su (millonario) padre, y de los alquileres de distintas propiedades en Brasil, en Estados Unidos y en la Costa del Sol española. Y con todo ese dinero, ha intentado comprar lo que la Madre Naturaleza no le dio: un cuerpo del que sentirse orgulloso. El modelo de belleza masculina que escogió fue el del muñeco Ken, el novio de Barbie. Y una cosa sí ha conseguido: hoy en día, Rodrigo Alves parece de plástico.

Sus incontables rinoplastias le han hecho perder tanto tejido nasal que en Estados Unidos se niegan a operarle, por seguridad, y sus últimas intervenciones se las ha hecho en Tailandia. Lleva, por el momento, 103 operaciones. Y es un adicto a la cirugía plástica de libro, diagnosticado de dismorfia (desprecio patológico a su propio cuerpo). Empezó con implantes en los brazos, para parecer más musculoso. Luego pasó por la galería de “retoques” que ya hemos visto en otros casos (mentón, labios, cejas, etc) y por uno inédito en esta lista: implante de abdominales. Porque, ¿para qué “currarse” en el gimnasio un “six-pack”, cuando tu cirujano te puede poner uno de plástico?

Rodrigo Alves con tableta de cirugía plástica.
Rodrigo Alves, abdominales de pega a juego con su rostro. Se venden por separado.

El “Ken Humano” brasileño ha seguido operándose, aunque sus médicos le avisaron de que, a estas alturas, corría en el quirófano un serio peligro de muerte. Sus fosas nasales han llegado a obturarse por hemorragias internas, ha perdido por completo el sentido del olfato, tiene muchos tejidos en riesgo de necrosis y le han avisado de que puede perder la nariz. Pero nada le ha detenido: a comienzos de 2020, anunció que “pasaba de Ken a Barbie” (la comparación no es nuestra) con una reasignación de género. Ahora Rodrigo Alves es Jessica Alves.

Dice Alves que desde los 3 o 4 años supo que era una niña, pero que trató de transformarse en un icono masculino como Ken, para ser “todo un hombre” a ojos de su padre. Y con Alves Sr. ya fallecido, Alves Jr. puede al fin ser quien desea ser, gracias a la cirugía plástica. Tiene 37 años. Mucha suerte, Jessica.

8 / Joan van Ark, la Juana de Arco de los culebrones

Joan van Ark, cuyo nombre (en holandés) significa literalmente Juana de Arco, es una estrella de los culebrones USA. Su marido es un antiguo reportero de la NBC, y se casaron en Alemania, en los años 60, cuando él estaba en el ejército, destinado en una base militar del ejército norteamericano en suelo germano. Como viaje de novios, su esposo le preparó un “tour” europeo por todas las ciudades que fueron importantes en la biografía de la verdadera Juana de Arco. Circunstancia que aprovechan las malas lenguas para decir que, si la quemaran en la hoguera como a Juana, Joan var Ark iba a arder muy bien, por todo el plástico que lleva encima.

Joan Van Ark, antes y después de ser embalsam… perdón, de ser operada.

A la actriz se le adjudican, como mínimo, dos estiramientos de piel, un levantamiento de de cejas, rellenos de colágeno, inyecciones de bottox y peelings químicos y con láser para blanqueamiento cutáneo. Pero no se descartan otros tratamientos de cirugía plástica. Tiene ahora mismo 78 años. Y pare ser sinceros, más que a Juana de Arco se parece al caballero que custodiaba el Santo Grial, al final de “Indiana Jones y la última cruzada”.

Joan es un buen ejemplo de lo que decían Nicole Kidman y compañía: Hollywood te ofrece más trabajo, durante más tiempo, si pareces más joven. Pero al llegar a cierto punto dejarán igualmente de ofrecerte papeles, porque ya no parecerás una persona normal, ni joven ni vieja. Por eso en la carrera de Joan Van Ark, con 104 series y películas por el momento, predominan culebrones como “Dallas”, “The Young and the Restless”, “California” o “Vacaciones en el mar”. Donde la normalidad, por así decirlo, no es tan importante.

Y en cualquier caso, el aspecto de Van Ark nunca será tan terrorífico como el de la siguiente actriz.

9 / Hang Mioku: por su seguridad, no intenten hacerlo en casa

Poca broma con el siguiente caso: el de una actriz y modelo coreana que se operó a sí misma. Se llama Hang Mioku, y con sólo 30 años ya se había hecho 20 operaciones en Japón. Los cirujanos nipones se negaron a operarla más veces, advirtiendo el desequilibrio psicológico de la joven, evidentemente adicta a la cirugía plástica. Así que optó por hacer ella misma el trabajo, como si su rostro fuera un mueble de Ikea.

Mioku consiguió silicona quirúrgica de un médico coreano, y se la inyectó directamente en la cara. Y cuando se le acabó, quiso completar la tarea inyectándose aceite de cocina. El resultado, lo advertimos ya, fue monstruoso. Bajo estas líneas.

La televisión coreana se interesó por su dramático, e hicieron una colecta para reunir fondos con los sufragar nuevas apariciones de cirugía plástica. Esta vez, para arreglar el desastre. Los médicos la sometieron a 10 operaciones de reconstrucción, retirando de su rostro 60 gramos de silicona, aceite y otras sustancias indeterminadas, y otros 200 gramos de su cuello. Lograron así reducir la inflamación… pero no mejoraron la textura de la piel, y encima su cara quedó llena de cicatrices. Un segundo desastre.

Hang Mioku, antes y después de las operaciones de reconstrucción.
Hang Mioku, hinchada y deshinchada.

Con 50 años de edad, el desastre facial de esta mujer no parece tener arreglo. Y aún así podría haber sido peor, porque otros casos como el suyo (sí: hay más aspirantes a “celebrity” que se han inyectado sustancias ellos mismos) han acabado con dolorosas muertes por septicemia. Hang Mioku aún puede dar las gracias cuando se mira al espejo. Si es que lo hace.

10 / Los hermanos Bogdanoff: los gemelos se operan mil veces

Los hermanos Igor y Grichka Bogdanoff son dos gemelos franceses, famosos en su país natal por presentar programas televisivos de divulgación científica… pero famosos también por sus múltiples operaciones de cirugía plástica. Dicen ser expertos en matemáticas, física teórica y física cuántica, y presumen de doctorados en la materia por la Universidad de Borgoña. Y una cosa es cierta: sus rostros parecen haber sido absorbidos por un agujero negro, estirados al infinito en el Horizonte de Sucesos.

Los gemelos Bogdanoff, antes y después.
Los gemelos Bogdanoff, antes y después de operarse. O de cruzar un Agujero de Gusano. A saber.

Con la buena planta de su juventud, no es extraño que triunfaran en televisión. Más extrañas son sus Tesis Doctorales, denunciadas como falsas por quienes las han revisado. Ganadores del Nobel y de la Medalla Fields dicen que “sus artículos consisten en jerga de varios campos de la física matemática, la teoría de cuerdas y la gravedad cuántica, dispuesta en frases sintácticamente correctas pero semánticamente sin sentido”. Lo que viene siendo unos charlatanes. Pero, ¿qué les importa a los Bogdanoff lo que digan los demás? ¡Seguro que sus críticos no tienen su pelazo!

Los gemelos Bogdanoff: los gemelos se operan 1.000 veces.

Sus rostros reflejan las operaciones de rigor: implantes de mentón y de pómulos, colágeno en los labios, levantamientos de ceja, estiramientos de piel. Operaciones todas ellas especialmente meritorias, dada la probada dureza de sus caras. Los dos caraduras tienen 73 años, y la foto sobre estas líneas corresponde a la alfombra roja del Festival de Cannes. Sin duda sus vidas son de película… como las de los otros protagonistas de esta lista.

De película de terror, en la mayoría de los casos. Pero de pelicula al fin y al cabo.

¿Te ha interesado este artículo? Por desgracia, también fue víctima de la cirugía la bellísima Hedy Lamarr: la actriz que inventó el wi-fi (y que protagoniza uno de nuestros mejores artículos).

Aunque, para bellezas de vidas tortuosas, también es asombroso el caso de Gene Tierney: la estrella que contrajo un virus letal porque una fan no respetó el debido confinamiento

Y si no te interesan tanto los pacientes como los cirujanos, siempre puedes echar un vistazo a nuestra lista sobre las 12 mejores series de médicos que puedes ver en plataformas.

Eso sí: te adelantamos que ninguna ficción puede superar a la realidad… de los adictos a la cirugía plástica que acabamos de conocer. Y hay más, muchos más. Todos esperando su nueva intervención…

…y todos dignos de una nueva lista.

Los gemelos Bogdanoff, adictos a la cirugía plástica (y a las mentiras).
Los hermanos Bogdanoff te escriben lo que sea. Si no lo saben, se lo inventan.
Autor

Dr. Rumack

Volando de cine en cine desde 1975, aterrizo en "Sesión Doble" con un doble objetivo: hablar de cine, y hablar de televisión. Disfruta con nosotros, opina lo que quieras y critica lo que te parezca: todo es bienvenido. Pero por favor: no me llames Shirley.

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